martes, 12 de junio de 2018

RELATOS DEL RINCÓN HOMÉRICO 6: LA CIUDAD SIN ALMA

         Lo peor de la ciudad es que te vomita sus ensueños cuando tú estás menos preparado. Cuando te deslizas por sus líneas de correcciones blancas y amarillas, cuando te acoges a sus brazos de madre indolente pero atenta, cuando te empeñas en verla como patria de libertades de piedra. Te vomita su expresiva inhumanidad en el momento que más la necesitas. Cuanto más intentas aferrarte a sus pechos de matrona cual lactante desprotegido más te desprecia con sus grises canciones de indiferencia. Y las calles se convierten en ríos de muerte congelada, y las avenidas son lenguas de lava ardiente de desidia, de silencios aterradores. Y las plazas no son plazas de vida y comunión, son anfiteatros destinados a la lucha voraz con el vecino, donde las fieras de la ira ejecutan sus sangrientos juegos. Y los parques ya no verdean con florestas de vida y esperanza, sólo son junglas del hastío y lo proscrito, escondites de poetas perseguidos por tener el verbo fino y cortante. El río no es agua, es plomo, un glaciar de tormentos congelados en hídrica apariencia, donde los peces no son peces, si no pecados colectivos convertidos en seres inertes…y el sol de poniente ya no está para dorar las tardes de los ancianos si no para abrasar los futuros de los niños que no son niños, son sólo clones de verdades disfrazadas. La ciudad se enseñorea como Saturno que devora a sus hijos… y cada noche hace un festín con deliciosos manjares donde los comensales son las bestias del dinero que no se sacian; y acuden al banquete las rapiñas de las medias verdades y el engaño, los señores del mañana, no del ahora, trampantojos con vestidos de luces que tapan las oscuridades de su alma con fuegos de artificio digitales.
Y caen las hojas del álamo herido…en el extremo de la ciudad sin nombre, la ciudad sin alma.

RELATOS DEL RINCÓN HOMÉRICO 5: LA ESQUINA

                Señor, señor…por favor…me puede ayudar a doblar la esquina… es que no puedo, es demasiado grande… ¡y a mi edad!
         El caballero de traje negro y cartera de cuero con logotipo comercial en letras doradas no daba crédito a lo que aquella anciana mal vestida y desaliñada le estaba diciendo. Lo achacó a algún desajuste psíquico de la señora. Será una de esas pobres locas del internado de la calle 34 que se ha extraviado. Pero yo ¿qué puedo hacer? Estas cosas deberían estar bajo el control de los servicios sociales o las asistencias del ministerio de los asuntos del común. Para eso pagamos impuestos, para que este tipo de personas no estén en la calle molestando, y que se les ingrese en esos centros de cuidados para individuos con trastornos…en el fondo son un peligro…porque me estoy imaginando qué pasaría si esta señora anciana se pusiera ahora a molestar a todos los ciudadanos responsables como yo que estamos trabajando, que estamos inmersos en este proceso de creación riqueza para que el producto interior bruto de nuestra patria sea más alto…
Estas cosas me enervan…no puedo soportar que haya tan mala política con estos asuntos, después del presupuesto que se supone que el gobierno dedica a estos temas. Además, no entiendo por qué dice que quiere doblar la esquina y que le ayude.
-Ayúdeme, joven…la esquina es demasiado pesada…
-Pero ¿por qué quiere usted doblar la esquina? Puede usted sin ningún problema pasar a la otra calle.
-No, no puedo, hay que doblarla –insistió la tenaz anciana.
El caballero estaba empezando a perder la paciencia. Tanta locura le sacaba de quicio. Una mujer que había perdido el juicio le estaba pidiendo que doblara la esquina…qué cosa más absurda. Dispuesto a zanjar el asunto le dijo muy seriamente: “señora, la esquina está ya doblada y no necesita que la doble ni usted, ni yo ni nadie. Por eso son esquinas, porque están dobladas a dos calles…lo siento pero ahora sigo mi camino que tengo mucha prisa”
-Cuidado joven con la esquina…que no está doblada! –le gritó de nuevo la anciana.
Y un segundo después, el señor del traje negro moría aplastado contra el muro. Había creído que allí se abría una nueva calle, justamente donde la sabia mujer le estaba indicando que había que doblar la esquina para poder pasar.

El tiempo



Desde que salió por aquella puerta estrecha del callejón lateral del edificio, Luis no había mirado hacia atrás en ningún momento. No entendía la cansina obsesión de Claudia por recordar siempre el pasado, atisbar el rastro de nuestros pasos en la lejanía, ahondar en las causas, en los precedentes. Ella se dejaba abrazar por la brisa del recuerdo en medio de las tempestades del presente. Esa suave y cálida sensación de que todo el tiempo pasado fue mejor. Pero Luis no lo sentía ni lo veía así. Luis era más pragmático y había aprendido a formar voluntades en el presente, y le preocupaban más los efectos y las consecuencias que las causas. Quizá fue aquel día al pasar por la calle del Molino Viejo cuando lo vio más claro: la voluntad te lleva a crear el tiempo venidero… sin tu voluntad y tu deseo el tiempo no vendrá porque el tiempo no existe al menos que tú lo vayas creando.
Tonterías –le dijo Claudia. El tiempo es y será siempre inexorable, a pesar de ti, de mí y de todos. No pretendas jugar con él porque el tiempo es la silueta del espacio que conoces.
         Aquella reflexión de Claudia le dejó perplejo, pero a pesar de todo no cejó en su empeño
-Adelante siempre, Claudia, siempre adelante… y en cada respiración un segundo más que le quitas al tiempo, y lo creas por tu voluntad. Así, partícula a partícula, tu realidad se irá formando y entenderás cómo funciono. Lo de ayer no existe, ni lo del futuro menos.
         En ese preciso instante, Luis daba las doce con insistentes golpes de campana, recordando doce veces que sólo el uno es lo que vale y esencial, lo demás es repetir.

viernes, 22 de diciembre de 2017

RELATOS DEL RINCÓN HOMÉRICO 2: LETRAS SOBRE BLANCO

Sentía verdadero pánico al blanco. No soportaba hallarse frente a esa superficie inmaculada del papel, porque pensaba que le interrogaba, le exigía un esfuerzo, siempre titánico, de volcar palabras en ese lago albo, en esa especie de purgatorio temporal que va desde la mente al acto físico de escribir. Y sintiendo esto, se le olvidaba que el horror a ese vacío había tomado un nada despreciable cariz de surrealista costumbre.
Las primeras sílabas las oyó del ruiseñor que apoyado en una rama del patio vecino disertaba con melódicos trinos sobre las sinfonías de Mozart. Y su serenata conspicua se derramó por las diferentes calles del vecindario provocando la más sonada aclamación de los mediocres escribanos que también confiaban en ese trino para iniciar sus epístolas sobre los pulcros pliegos de papel. Sólo uno de ellos, que se entretenía en contar libros de sus anaqueles siguió, ignorante del hecho, amasando mentalmente títulos de obras, que, como bibliófilo, engullía con gran deleite. Y pasó la noche, y pasó el día siguiente, y este escribano permanecía inactivo sin poder plasmar una sola letra en aquel pliego retador. Y fue en ese momento justo en el que el último rayo de Sol se desvanece en el horizonte cuando la pluma del artífice se colocó en el tintero y empezó una coreografía acompasada sobre el papel. Componía una hermosa melodía de palabras, palabras y versos que vencieron aquel atávico miedo del autor a la escritura, Y luego, varios libros de los que reposaban prisioneros en sus estantes  echaron a volar y su vuelo derramó letras como lágrimas. Y su fértil llanto cubrió la tierra y empapó de sabiduría las raíces de los mortales, que ya nunca volvieron a tener miedo de las letras sobre el blanco mantel.

domingo, 10 de diciembre de 2017

RELATOS DEL RINCÓN HOMÉRICO 1: EL VENDEDOR DE SUEÑOS

Tras las pisadas de una sombra el vendedor de sueños arrimaba su destartalado carrito junto a farolas de pálida luz. Y esa tenue umbría formaba universos de coraje para este héroe que proclamaba en esquinas concurridas “vendo sueños…sueños reales, sueños soñados, sueños utópicos…sueños del ayer y del ahora…sueños de pompas de jabón, y sueños metálicos como pesas de hierro… ¿alguien necesita sueños? Hoy estamos de rebaja, dos por uno. Llévese el sueño y lo paga mañana; y si no le convence no se lo cobramos…”

Todo era un ir y venir de realidades plomizas en las calles sin color.  Humbranos de todas las estirpes transitaban sin rumbo por canales de comunicación establecidos. Nadie osó salir de una vía marcada para escuchar al vendedor…nadie oía ni nadie cantaba. Todos los humbranos iban unidos por cables visibles e invisibles a pantallas luminosas. Se alimentaban de aquellas superficies virtuales que tenían atrapados sus ojos, y resplandores de verdes, azules y amarillos decoraban sus rostros de unánime expresión. Y se movían, se movían sin límite, sin entorpecerse unos a otros, porque cada uno iba encarrilado en su ranura vial del cotidiano discurrir. El vendedor de sueños observó, preguntó, indagó y claudicó… y se dijo a sí mismo, este sueño no lo tenía registrado. Lo pondré en la carpeta de “pesadillas” y con su maltrecho carrito se deslizó por un tobogán hasta la próxima realidad. 

martes, 3 de octubre de 2017



DEJADME CANTAR LA COMPASIÓN

     
Yo no soy analista político. Mi inteligencia de nivel medio no me permite sentar cátedras con sesudos diagnósticos de psicología social, comportamientos colectivos sociopolíticos, tendencias de opinión electoral, ni mucho menos tengo todo claro en esta vida. En este mundo tan complejo y tan diverso, donde la ley de contrarios es patente en una dialéctica continua, que te obliga a tomar partido por uno de los polos. En una sociedad multifocal, multicultural, basada en la diversidad ideológica y referencial, se produce un fenómeno de “fractalización” de la realidad objetiva, que no llega a ser nunca objetiva porque los agentes que la describen y los medios que utilizamos para hacerlo están mediatizados por las coordenadas culturales y sociopolíticas e ideológicas. En una sociedad y un mundo como éste la posición del corazón parece ridícula. Por ello reivindico el lugar de la compasión como arma de lucha política. Y no sólo en el aspecto del talante místico que proclamaba Buda, sino como discurso y herramienta para enfocar los conflictos que inevitablemente existen cotidianamente, tanto a nivel doméstico como colectivo.
Así pues, en estos días históricos que estamos viviendo en la piel de toro ibérica han vuelto los antiguos demonios; una vez más los garrotazos que tan metafórica pero acertadamente plasmó Goya en uno de sus cuadros negros, se enseñorean en los campos y ciudades. La cainita tensión no resuelta en este país, estado de diversas culturas forjadas en procesos lentos y convulsos, tensionados por decisiones políticas que se apoyan en símbolos e imaginarios colectivos que forman parte de un universo de mitos, hechos históricos que devinieron en verdades dogmáticas que se aceptan sin análisis crítico, y toda una serie de elementos conformadores de dudosa raíz histórica que parecen sostener posicionamientos nacionalistas de todo tipo. Y es que en España, no sólo en el ámbito político sino en el religioso, hemos construido una visión del pasado forjada en un fuerte componente mítico, donde las hagiografías y las leyendas épicas y maravillosas han tomado el lugar de la veracidad histórica, mucho más anodina, cruel, compleja y variopinta. Y en ese proceso ha sido fácil componer discursos manipulables por el poder de turno que utiliza la Historia como recurso de justificación de su praxis, tanto en el  político como en el religioso. De esto hay muchos ejemplos que no vienen a cuento ahora. Pero sí impresiona ver cómo conceptos como Patria, Bandera, Constitución, Democracia, Estado, Territorio, etc., entran en juego en determinados tiempos de crisis colectiva. Se convierten en huesos que el poder arroja a la jauría del pueblo para que los muerda y se pelee por ellos.
                Me parece muy loable que los pueblos tengamos señas de identidad comunes que nos unen como grupo, factores culturales que han contribuido a la creación de un legado patrimonial impresionante a lo largo de los siglos, tanto de índole material como inmaterial. Pero no me doblego a aceptar determinadas tradiciones que se basan en conceptos-símbolos que se han convertido en dogmas indiscutibles e infalibles del discurso oficial, admitidos por la inmensa mayoría. Sobre todo porque estos “artefactos ideológicos” se han transformado en elementos de sometimiento y en armas arrojadizas de combate para la exclusión.
Así las cosas, me declaro anarquista compasivo.  No admito banderas, de ningún color ni número de bandas, pues simbolizan lo que nos convierte en parte de un territorio, alentando odios y exclusiones: como si una parte de la tierra fuera mejor que la otra, cuando las fronteras no existen, y sólo existen seres humanos llamados a la unidad dentro de la diversidad. Lo mismo que en su momento defendí la objeción de conciencia al militarismo y al uso de las armas, objeto ahora de los sacrosantos símbolos que llevan al odio y la violencia; objeto al cruel talante del poder de las derechas o las izquierdas que ponen las ideologías por encima de la humanidad. No me gusta que me obliguen a posicionarme con discursos llenos de violencia exclusiva por el hecho de que te consideren de una determinada tendencia política. Me apena ver una vez más que el único método de solucionar los problemas sea la fuerza y la sinrazón del garrotazo goyesco. No puedo, no aguanto, no lo soporto. Ver la imparable tormenta de odios y descalificaciones; ver las obtusas posiciones a ultranza para defender símbolos que no ayudan a converger para construir, sino a generar violencias de la eliminación del otro, del distinto, del situado en la otra parte de la línea “imaginaria” fronteriza.
Sí, me declaro anarquista compasivo: no quiero que nadie me acoja bajo su bandera coloreada, ni bajo su poder de crueldad que se apoya en pies de barro del discurso histórico manipulado y falso; no quiero ser cómplice de las estrategias de luchas de exclusión. Dejadme creer en la utopía compasiva que abraza, aúna, comprende, ayuda a crecer en solidario abrazo, como decía aquella canción “con tu puedo, y mi quiero, vamos juntos compañero”. Así, con la mente abierta a los tiempos en los que superemos la reducida visión del terruño patrio, (mi pueblo, mi tierra, mi región, mi nación…). Abiertos de mente y sobre todo de corazón. Construyendo futuro de mujeres y hombres que construyen su historia a partir de la Verdad y no de los trampantojos de la Historia. Perdonad mi franqueza, pero mi compromiso histórico con la Justicia y la Paz pasa por la Compasión y la poesía.
C.Pacheco

3 octubre 2017

martes, 8 de agosto de 2017


EL POTRI

       Nada de lo que aquel pastor contaba me sorprendía. Nada. Y no porque supiera de antemano lo que aquel relato iba a traer de sorprendente, dejándome llevar por las sensaciones más perentorias de un viajero en la montaña. No. A medida que desgranaba su historia, aderezada de palabras recias, palabras fuertes, palabras llenas de viento y lluvia, me acudía como un torrente a la memoria la imagen de aquel Perseo de la pintura, el artista forjado en el arrullo embriagador de la Floresta, en los páramos y marjales, lagunas y elevados picos de accidentado perfil. Era ésa precisamente, y no otra, la inexorable evocación que mi mente de urbanita provinciano se atrevía a dibujar mientras el anciano sabio de las cañadas oscuras se abría en canal con su elocuencia atávica. 
       Y fue ese pintor de mis recuerdos, Ojea conocido para el vulgo mortal que aquí penamos, el que pronto se encumbró en olímpicos montes de los elegidos. Sólo en el Parnaso de los artistas tienen cabida los genios creadores. Los que toman la realidad como pretexto para escribir versos con pinceles, Ut pictura poesis. Que si la vida eclosionada en un millón de formas tiene un sentido, éste se comprende por la capacidad de observar lo que tenemos. Y Ojea sabía ojear, precisamente, porque su mirada de avezado ornitólogo, le había permitido enfocar sus acuarelas con un objetivo de vida. No eran sus dibujos ni pinturas meras ilustraciones para exornar páginas de libros sobre naturaleza. Cada una de sus obras era un alegato por la belleza de lo creado, la multiforme expresión de la más preciosa de las canciones: la del universo. Así, en un lince, un águila, un petirrojo o en la nutria que plasmaba con sus pinceles se reunía la generosidad con la maestría. Y la refinada técnica del dibujante y pintor se sustraía a la más elevada lección de humildad. Quien aprende a mirar el mundo como un poema, lleva la belleza en su alma. 
       Ojea, el Potri para los amigos, fue un eremita en medio de las utopías perdidas. Fue un profeta de la natura arcádica, de los paraísos sometidos a la especulación del vil metal. Pero fue ante todo, un honesto defensor de la vida, y hasta en sus últimas vivencias de dolor, la muerte parece que jugó su partida de ajedrez con el caballero. Recuerdo que en los años de jovialidad adolescente compartimos momentos y vivencias, donde siempre se explayaba con irónico gracejo en pos de las luchas por la supervivencia del tan amenazado ecosistema.
     No creo que Ojea sea un artista en celestiales instancias que vaya a dejar su vocación. Allí plasmará con su más bello pincel el brillo de estrellas fulgurantes; y una noche, cuando miremos el infinito firmamento, una luz nos guiñará un parpadeo y allí estará el Potri con su mejor sonrisa, esa que siempre tuvo y que ahora nos acompaña. Hasta siempre viejo amigo. 

C.P.
Agosto 2017